¡Estos son los ganadores de la edición 38 del Festival de Música Vallenata en Guitarra!

A través de sus redes sociales, el 38 Festival de Música Vallenata en Guitarra publicó el listado de los ganadores de esta edición en las diferentes categorías.

“Su talento, disciplina y amor por nuestra cultura hicieron vibrar a Codazzi, demostrando que la música en guitarra sigue siendo el alma de nuestras tradiciones”, se lee en el comunicado oficial.

🏆 Tríos Categoría Infantil

1️⃣ Trío Fuerza Musical – Codazzi
2️⃣ Trío Nueva Generación – Codazzi
3️⃣ Trío Cuerda Viva – Codazzi

🏆 Tríos Categoría Juvenil

1️⃣ Trío de Oro – Codazzi
2️⃣ Trío Alma Vallenata – Codazzi
3️⃣ Trío Olimpo – Codazzi

🏆 Tríos Categoría Aficionado

1️⃣ Trío Hermanos Durán – Ciénaga
2️⃣ Trío Impacto – Codazzi
3️⃣ Trío Caribe – Ciénaga

🏆 Tríos Categoría Profesional

1️⃣ Trío Tairona – Ciénaga
2️⃣ Trío Con Sentido de Pertenencia – Ciénaga
3️⃣ Trío Los Cardenales – Barranquilla

🎼 Canciones Inéditas

🥇 “Camino al pueblo” – Autor Alfredo Barreneche (Codazzi)
🥈 “Tren de la felicidad” – Autor Alexander Vásquez (La Jagua de Ibirico)
🥉 “Eso no es pa’ cualquiera” – Autor Ricardo Paul Pacheco (Cartagena)

Gobierno del Cesar entregó 20 acordeones al rey vallenato Iván Zuleta para niños de escasos recursos

Con una firme apuesta por el fortalecimiento del folclor y la transformación social a través de la cultura, el Gobierno del Cesar, liderado por la gobernadora Elvia Milena Sanjuan Dávila, hizo entrega de 20 nuevos acordeones al rey vallenato profesional 2025, Iván Zuleta, como respaldo a la iniciativa que el artista viene liderando desde que recibió la corona: recolectar instrumentos para niños con talento, pasión, de escasos recursos.

Con esta donación, la meta propuesta de reunir 50 acordeones ha sido superada, llegando a un total de 60, los cuales serán entregados por Iván Zuleta a niñas y niños que cumplan con criterios definidos: deben tener habilidades básicas para tocar el instrumento, demostrar compromiso y, sobre todo, ganas de salir adelante.

“En cualquier pueblo puede nacer un rey”, aseguró Iván Zuleta durante el acto de entrega, en el que entre versos y palabras sentidas agradeció al Gobierno del Cesar por sumarse a esta causa que ya ha tocado corazones y voluntades en todo el país.

“Voy a ser muy riguroso con la entrega. Quiero que estos acordeones queden en las manos correctas, en manos que realmente los valoren y los conviertan en un camino de vida”, afirmó el artista.

Por su parte, la gobernadora, Elvia Milena Sanjuan, destacó que esta entrega es reflejo del compromiso de su administración con la identidad cultural del Cesar: “Esta es la mayor riqueza que tenemos. Y estoy convencida de que apoyar esta causa es sembrar esperanza, preservar el legado vallenato y asegurar que nuestra música siga inspirando a nuevas generaciones”.

El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata también estuvo presente en el evento, realizado en el edificio de la Gobernación del Cesar, y reconoció esta donación como una de las más significativas para el folclor.

Todas estas acciones, que apuntan a fortalecer el vallenato desde las bases, quedarán resguardadas en el Centro Cultural y de Convenciones de la Música Vallenata, CCMV, un espacio que abrirá sus puertas y será el nuevo templo del vallenato. Hoy el folclor está más vivo que nunca, y su futuro ya tiene un lugar seguro.

El Gobierno del Cesar cree, protege y promueve la cultura como camino para construir sociedad.

El compositor Wiston Muegues se fue a cantarle ‘La novia del Valle’, a Consuelo Araujonoguera

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Cuando la mañana del miércoles 16 de julio de 2025 en Manaure, Cesar, todos se preparaban para asistir a la misa y procesión de la Virgen del Carmen, patrona de esa tierra, se corrió de manera rápida, así como una canción en aire de puya, la noticia sobre la muerte del compositor Wiston Muegues Baquero, hiriendo de inmediato el alma del folclor vallenato. La razón, lo traicionó el corazón, ese al que le cantó infinidad de veces.

Wiston tuvo dos grandes títulos: docente y compositor costumbrista dedicándose a esculcar el alma de los pueblos con sus historias, tradiciones, jocosidades y personajes para llevarlos a cantos sencillos con su propio sello, alcanzando honores en 113 festivales vallenatos a lo largo y ancho del país. En el Festival de la Leyenda Vallenata ganó en dos ocasiones, años 1999 y 2001, con las puyas ‘Los barrios del Valle’ y ‘La estratificación’.

Él inició a componer canciones cuando tenía 11 años, pero su interés de ser compositor no tuvo el visto bueno de sus padres Ángel Muegues Salas e Hilda Baquero Romero, los cuales al final ante la insistencia del muchacho lo apoyaron. El argumento principal era que por sus venas corría sangre musical, heredada de su tío Juan Manuel Muegues y de sus parientes Emiliano Zuleta Baquero, Ovidio Romero, ‘Toño’ y Simón Salas.

En el año 1988, a la edad de 30 años, ganó el primer concurso en el Festival del Fique de La Junta, La Guajira, con la canción ‘A cambio de tu amor’. Dos años después obtuvo el triunfo en el Festival Tierra de Compositores de Patillal y continuó con el Festival Ornamental de Versos y Guitarras de Manaure, Cesar. También ganó en el Festival Vallenato de Monterrey, México, donde mandó una canción. Después, cosechó grandes triunfos llevando sus cantos untados de historias pueblerinas y con la autenticidad que siempre lo caracterizó.

Todos reconocían que sabía dar en el clavo, recibiendo los aplausos y el mejor puntaje de los jurados. Muchas veces los concursantes llegaron a preguntar si se había inscrito Wiston Muegues. El compositor también aficionado a los gallos, sonreía y pedía hacer canciones con el mayor sentido de pertenencia, contar hechos de verdad y no echar mentiras cantadas. Era un compositor descriptivo que narraba lo sencillo y a lo que nadie pensaba tendría excelente resultado, siendo un especialista en poner a llorar o sonreír de acuerdo al tema tratado.

La preparación festivalera de Wiston Muegues era otra historia. Después de tener la canción escogida convocaba al cantante para que se la aprendiera y hasta ensayos hacía. A él en los distintos concursos le cantaron sus canciones Jimmy Murgas, Rafa Pérez, los hermanos Carrascal, Luis Carlos Martínez, su hija Jadith Muegues y William Felizzola, quien muchas veces fue el encargado de cantar las puyas.

‘La novia del Valle’

La canción ‘La novia del Valle’ tenía para Wiston Muegues un significado especial porque la hizo estando recluido en una clínica recuperándose de un derrame cerebral, y además era el mejor homenaje a la mujer que se la jugó por el folclor vallenato y ganó. Se trataba de Consuelo Araujonoguera.

Precisamente, en el año 2001 Wiston Muegues compuso dos canciones. El paseo ‘La novia dl Valle’ y la puya, ‘La estratificación’. Ambas las inscribió en el Festival de la Leyenda Vallenata y al final ganó la segunda. Él se alegró, pero no quedó satisfecho.

En aquella ocasión Wiston Muegues, expresó. “Mi canción ‘La novia del Valle’ fue mi regalo para ‘La Cacica’, no con el ánimo de ganarme un premio, sino para decirle lo mucho que la queríamos y agradecerle su entrega al folclor vallenato. Además, ella significó mucho para nuestra música y como ella no habrá ninguna más”. Al año siguiente esa canción la grabó Jorge Oñate”.

Los vallenatos quedamos en mora de hacerle un homenaje a la señora, que fuera en vida ‘La novia del Valle’, lleva en el alma este folclor tan bello, lo recibió cuando era pequeño, le dio su vida hasta volverlo grande. Quién va a negar que ella luchó con tesón y orgullo hasta lograr que se le abrieran las puertas del mundo a la música vallenata. Cumplió su misión. Si Esthercita Forero es ‘La novia de Barranquilla’ Consuelo ‘La Cacica’ es ‘La novia del Valle’.

Después de narrar el origen de ese canto, tomó nuevamente la palabra para hacer una petición. “Quiero solicitarle comedidamente a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que me cambie la puya ‘La estratificación’ por el paseo, ‘La novia del valle’, y la declare ganadora del concurso de la canción inédita vallenata del año 2001”.

En medio de las añoranzas la cantante Jadith Muegues, a quien su papá le hacía escuchar sus canciones, muy compungida, expresó. “Mi padre, fue mi gran referente musical para inclinarme por el canto. Lo veía componer chiflando y cantando acostado en una hamaca. Después de hacerlo pedía un cuaderno para escribir la letra de la nueva canción. También nos consultaba sobre cómo nos parecía. Él me compuso el paseo ‘La hija del folclor’, y eso me sirvió de gran estimulo. Su inesperada partida nos dejó un inmenso vacío que no hay como llenarlo”.

El compositor que siempre tuvo el cariño del pueblo, de sus paisanos y amigos, en su colección de triunfos solamente le faltó el título de Rey de Reyes de la Canción Vallenata Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, para poder cantar victoria y pudieran fluir más versos donde se contaran secretos escondidos en los laberintos de la vida, se derritieran verdades, se dibujaran costumbres y los sueños tuvieran regreso. Pero no, se fue a cantarle a Consuelo Araujonoguera su célebre canción ‘La novia del Valle’.

 

Ovidio Granados, siempre estuvo “Ensegundao” en el Festival de la Leyenda Vallenata

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

La noche del sábado siete de junio de 2025 fue gloriosa para Ovidio Enrique Granados Melo, quien conoce los acordeones hasta por dentro y les pone la tonalidad necesaria para que cumplan su objetivo. Todo un genio para arreglar acordeones.

“La gracia de Dios es grande y todo en su momento. Que mejor que sea en vida para alegrarme por este reconocimiento de Rey Vallenato Vitalicio, el cual agradezco a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata. Estoy feliz y este reconocimiento lo comparto con los seguidores de la dinastía Granados”, señaló el juglar nacido en Mariangola, Cesar.

Al preguntarle sobre lo que había pasado esa noche, agachó su cabeza, meditó un rato y estando en ese trance por su mente pasaron nostalgias primitivas que al fin y al cabo son el motivo de su vida. “Me acordé de tantas y tantas cosas y le dí gracias a Dios por darme el oficio más bello del mundo, ese que tiene música tocada con acordeón”.

Al tener el viento a su favor contó sobre su participación en el Festival de la Leyenda Vallenata, en los años 1968, 1975 y 1983, donde se coronaron como Reyes Vallenatos Alejandro Durán, Julio de la Ossa y Julio Rojas, respectivamente. “En esas tres ocasiones ocupé el segundo puesto”.

Entonces recalcó. “Después de eso me retiré de concursar porque siempre estuve ensegundao, bien ensegundao y corría el riesgo de que me cambiaran el nombre de Ovidio Enrique, por Ovidio Segundo. Claro, que al cabo de los años mi dinastía obtuvo diversos triunfos con mis hijos Hugo Carlos y Juan José, y mi hermano Almes. Entre ellos, hay dos Reyes de Reyes”.

Dentro del campo musical el maestro ‘Villo’ Granados, hizo su incursión en la pasta sonora con ‘Los Playoneros del Cesar’, y también al lado de Diomedes Díaz, grabando las canciones ‘Diana’ (Calixto Ochoa), ‘Las cosas del amor’ (Marciano Martínez) y ‘Palmina’ (Joaquín Bettín).

El taller

En un amplio kiosco de su casa ubicada en el barrio Los Caciques de Valledupar, tiene su taller de acordeones. Ese lugar, está adornado con muchos recuerdos fotográficos donde aparecen su fallecido hijo Eudes, a quien no se cansa de añorar y su fiel compañera Nidia Antonia Córdoba Cantillo, cuya partida todavía no asimila.

Ahora su hijo Ovidio Raúl, ‘Villito’, lo acompaña en la tarea de arreglar los acordeones, dando a conocer los elementos ocultos y descubriendo donde está el daño. Es interesante el trabajo de entrar al corazón de los acordeones lleno de aluminio, plástico y cartón.

Pausadamente Ovidio Granados, dijo. “Cuando se partía un pito no me gustaba tocar el acordeón y entonces venía la reparación. Antes, para arreglar un pito, uno se demoraba casi un día, ahora se hace en menos de una hora. Todo ha cambiado en ese sentido, menos el precio, que siguen siendo los mismos 20 mil pesos”. Soltó una corta sonrisa.

Consultado sobre la manera de arreglar los pitos del acordeón, habló lo necesario. “Les aplico el secreto y quedan bien. Si lo digo perdemos el trabajo. Vea, los únicos que saben ese secreto son mis hijos, especialmente Ovidio Raúl, quien me acompaña porque sabe limar las pequeñas lengüetas de metal para que al vibrar den el sonido perfecto”.

Enseguida, contó con alegría cuando hace algunos años estuvo invitado a la fábrica Hohner en Alemania, donde se maravillaron de su trabajo artesanal. “Que dicha ir allá para ver de cerca el proceso de hechura de los acordeones. El que comenzó a elaborar los acordeones (Matthias Hohner – 1857), nunca imaginó que en Colombia le íbamos a dar el mejor uso”.

 

Bendito vallenato

El desfile de acordeoneros por la casa de ‘Villo’ Granados nunca cesa. “Todos quieren que les ponga sus acordeones diez puntos, y cuando se acerca el Festival de la Leyenda Vallenata aumentan los compromisos.

De otra parte, el viejo ‘Villo’ siguió metido en el campo de los recuerdos y expresó que los mejores acordeoneros en todos los tiempos son Luís Enrique Martínez, Calixto Ochoa, Alfredo Gutiérrez y Emiliano Zuleta Díaz. Guardó silencio y entonces anotó. “A mis hijos Hugo Carlos, Juan José, y a mi hermano Almes, no los meto en esa lista porque tocan más bonito y son unos tigres”. La sonrisa no se hizo esperar.

Luego pasó a las canciones que más le llamaban la atención. Puso en acción su memoria y se quedó con tres. ‘Lirio rojo’ (Calixto Ochoa), ‘Inmenso amor’ (Armando Zabaleta), con la que aprendió a tocar el acordeón, y ‘El cachaquito’ (Miguel Yaneth).

Esta última obra nació en Mariangola, “El pueblo más bello del mundo”, afirmó. Siguió hablando bellezas de su pueblo que lo vió nacer hace 83 años. Enseguida comunicó que se siente orgulloso de ser el estandarte de la dinastía Granados, padre de 12 hijos, los cuales le han regalado 24 nietos.

Cuando estaba pendiente a otra pregunta, se le indagó por la canción de su autoría ‘El vicio’, anotando: “Ese merengue es el himno de la dinastía. Siempre se toca y gusta mucho”. Es así como en la canción ‘El vicio’ hizo una magnifica descripción. “Le vivo rogando a Dios que me dé una vida estable, para un hombre como yo, que no le hace mal a nadie. Soy un hombre humanitario a pesar que soy pobre, soy hijo de gente noble, distinguido y muy honrado”.

Definitivamente, la vida a Ovidio Granados vino envuelta en un cuerpo bueno, noble y que ha resistido los embates del tiempo para hoy cantar victoria, teniendo cerca un acordeón ese que conoce como la palma de su mano.

En Valledupar donde la música vallenata tiene raíces profundas, el sentimiento se viste de fiesta a finales del mes de abril y un abrazo llena el corazón, vive el juglar Ovidio Enrique Granados Melo, quien fue coronado como Rey Vallenato Vitalicio, honor que le mereció los más grandes aplausos, despertándole la felicidad.

 

Rafael Orozco dejó una inmensa huella musical en el folclor vallenato

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

La noche del jueves 11 de junio de 1992, hace 33 años, se cerró en Barranquilla el ciclo de vida del cantante Rafael José Orozco Maestre, quien nació en Becerril, Cesar, el miércoles 24 de marzo de 1954, en el hogar conformado por Rafael Orozco Fernández y Cristina Maestre Cuello.

Siendo jovencito en su pueblo se ganaba la vida vendiendo agua que recogía del río Maracas, utilizando como compañero a su burro ‘El ñato’. En medio de esa faena escuchaba vallenatos y soñaba con llegar a ser cantante, lográndolo años después.

Precisamente, corrían los días finales del mes de octubre de 1974 cuando Rafael José Orozco Maestre, apareció en un concurso de voces realizado en la semana cultural del Colegio Nacional Loperena de Valledupar. Esa vez ganó y se tomó la mayor confianza para emprender su carrera musical al lado del acordeonero Luciano Poveda, con quien se presentó en distintos pueblos de la geografía costeña.

La primera presentación fue en el corregimiento de Sempegua, municipio de Chimichagua, donde lo contrató Andrés Lobo, el dueño de la caseta ‘El trasmallo’, y dueño del picot más grande de la región, quien supo de Rafael Orozco a través de un amigo cercano.

Los artistas fueron contratados, y con el grupo viajaron seis horas en un bus de Cootracegua desde Valledupar hasta llegar a Chimichagua, donde tomaron una chalupa para cruzar la ciénaga de Zapatosa, finalizando el recorrido en aquel pueblo de pescadores.

Rafael Orozco luego de recibir la bienvenida y a pesar del cansancio del viaje, tomó la vocería, convocando un partido de fútbol que concluyó en una pequeña discusión por un supuesto penal que no pitó el árbitro Cianci Hernández Méndez, quien pasado el tiempo afirmó que no hubo falta a pesar del reclamo airado del cantante. “Vea, si esa tarde hubiera expulsado a Rafael Orozco, hoy fuera famoso”, anotó.

 

Primera grabación

El primer peldaño importante de Rafael Orozco fue grabar en 1975 su primera producción musical titulada ‘Adelante’ al lado del acordeonero Emilio Oviedo Corrales, quien al respecto señaló “A Rafael lo conocí por casualidad en Aguachica, donde había ido con el gobernador del Cesar de ese entonces Manuel Germán Cuello, a la inauguración de unas obras y como es natural se formó la parranda. En el camino me la pasé tocando, cantando y como era una carretera muy mala, llegué afectado de la garganta, debido a la polvareda”.

Siguió trayendo los recuerdos a su memoria. “En esos días se llevaba a cabo una feria en esa población del sur del Cesar, y estando en la parranda se apareció Rafael Orozco, un muchacho delgado y cabellón. Él me dijo que me ayudaba a cantar. Acepté y de inmediato quedé sorprendido con su voz. Me gustó el estilo, su afinación, su brillo y que tenía unas caídas bien suaves y llamativas”. Enseguida lo contactó y Rafael Orozco le comentó que andaba con el acordeonero Julio de la Ossa, pero no tenía ningún compromiso.

De esa manera comenzó el proceso de lo que sería su primera grabación para el sello Codiscos donde aparecieron las siguientes canciones: ‘Cariñito de mi vida’ (Diomedes Díaz), ‘El fiel amigo’ (Víctor Camarillo), ‘La Chimichagüera’ (Náfer Durán), ‘El conquistador’ (Álvaro Cabas), ‘Verdes jardines’ (Jaime Daza Molina), ‘Adelante’ (Leandro Díaz), ‘Costumbres regionales’ (Luciano Gullo Fragoso), ‘Recuerdos de mi abuelo’ (Carlos Araújo Cuello), ‘Mi orgullo’ (Fabio Zuleta Díaz), ‘El hombre mujeriego’ (Sergio Moya Molina) y ‘Mi mejor amigo’ (Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta).

No fue fácil llegar a ese momento de la grabación donde sobresalió la canción ‘Cariñito de mi vida’, de la autoría de Diomedes Díaz, a quien saludaron como ‘El Cacique de La Junta’. Así quedó bautizado.

Respecto a ese hecho musical Emilio Oviedo, dijo. “Lograr grabar en la ciudad de Medellín con Rafael Orozco, fue sumamente difícil porque en el vallenato primaban las voces fuertes y él tenía una voz suave, melódica, bien definida. Pocos en esa ocasión creyeron, pero me la jugué y el tiempo me otorgó la razón porque se truncó aquella idea que el vallenato debía solamente interpretarse con voces robustas, caso Jorge Oñate o Poncho Zuleta”, expresó Emilio Oviedo, quien grabó una segunda producción con Rafael Orozco, titulada, ‘Con sentimiento’ hasta que de común acuerdo se separaron.

En ese momento Rafael Orozco entró a conformar con el acordeonero Israel Romero la agrupación Binomio de Oro, la cual le entregó los más grandes éxitos en su carrera artística. En total grabaron 19 discos.

Finalmente, Emilio Oviedo aseveró. “Con ese éxito y disciplina musical que tenía Rafael Orozco, en este momento fuera el mejor, porque el vallenato ahora corre de acuerdo al estilo que lo identificó, y que lo tenía en el mejor lugar”.

Por todas partes continúan escuchándose las canciones que con pasión interpretó Rafael Orozco, y su legado está vigente en la música vallenata. Además, en la plaza de su pueblo Becerril, se instaló un monumento para honrar su memoria. Muy bien lo señaló el periodista Fabio Poveda Márquez. “A Rafael Orozco, le adelantaron la inmortalidad”.

Definitivamente Rafael Orozco tuvo la virtud de hacer soñar a sus seguidores con los ojos abiertos, amar con el corazón paseándose por todos los sentimientos, construir esperanzas que dictaba su voz y andar por las aventuras de la vida.

Rafael Orozco con su voz no dejó que el silencio le ganara la partida, pudiendo viajar por el horizonte inmenso donde deleitó los oídos del mundo vallenato. Además, enseñó la más grande terapia para los románticos soñadores.

 

Hace 58 años nació el libro ‘Cien años de soledad’, un vallenato de 350 páginas

-Todo sucedió en Buenos aires, Argentina, el martes 30 de mayo de 1967 por encargo de la editorial Sudamericana-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

“Cien años de soledad es un vallenato de 350 páginas”, así lo definió Gabriel García Márquez, cuando le indagaron sobre la base estructural de su gran obra literaria. Enseguida añadió. “En ‘Cien años de soledad’ soy un escritor realista, porque en América Latina todo es real. Asumir nuestra realidad puede dar algo nuevo a la literatura”.

La declaración de Gabo al ponerle letras a su libro, en vez de notas de acordeón, sirvió para que el mundo se sentara a leerlo, y descubriera muchos detalles inéditos de un folclor que en el Caribe colombiano le dieron vida a hombres descalzos y que iban de pueblo en pueblo cantando un acontecimiento.

El comienzo de todo se dio cuando Gabo le dijo a su esposa Mercedes Barcha: “Encontré el tono. Voy a narrar la historia con la misma cara de palo con que mi abuela me contaba hechos fantásticos, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre a conocer el hielo”.

Al poco tiempo notificó a su mujer que mientras estuviera encerrado escribiendo en su casa de México, se ocupara de todo sin molestarlo. Y ella cumplió. No lo molestó durante 18 meses hasta que nació el hijo mayor de las letras colombianas que terminó su impresión el martes 30 de mayo de 1967 por encargo de la editorial Sudamericana de Buenos Aires, Argentina.

Seis días después comenzó su venta con ocho mil ejemplares y a la fecha tiene más de 50 millones de copias y ha sido traducido a 49 idiomas. El titulo del libro, cuya portada hizo la diseñadora argentina Iris Pagano, apareció en el último párrafo después de dar vueltas por el mamotreto de hojas: “En el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a ‘Cien años de soledad’, no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

El amor de Gabo por el vallenato era igual a sus letras y lo definió en una memorable frase: “No sé que tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo escuchamos se nos arruga el sentimiento”.

También quedó en el registro histórico cuando el 10 de diciembre de 1982 una delegación vallenata lo acompañó a recibir en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura. Estuvieron Consuelo Araujonoguera, Rafael Escalona, Poncho y Emiliano Zuleta, Pablo López y Pedro García.

Canción al Nobel

De aquel viaje queda el relato de Consuelo Araujonoguera, quien en su libro ‘Escalona, el hombre y el mito’, indicó que le había pedido al maestro que hiciera un canto vallenato a ese suceso que traspasó las fronteras. Escalona le respondió que no hacía cantos por encargo, pero sin embargo al llegar de Estocolmo la inspiración lo visitó y solamente “le bastó un repaso somero a dos de las mejores obras literarias de Gabriel García Márquez, para sintetizarlas en el merengue llamado ‘El vallenato Nobel’, que luego sería interpretado por los Hermanos Zuleta”.

 

Cuatro meses y 20 días después de Gabo haber recibido el Premio Nobel de Literatura vino a Valledupar a oficiar como jurado del Festival de la Leyenda Vallenata y se encontró de frente con los recuerdos de la historia familiar de los Buendía, eje central de su libro. En el evento estaba participando Julio César Rojas Buendía, quien a la postre se coronó como Rey Vallenato, gracias a sus dotes de excelente acordeonero. De igual manera, en el 33º Festival de la Leyenda Vallenata, año 2000, se le rindió el más grande homenaje al Nobel de Literatura.

La magia de Macondo

 

‘Cien años de soledad’, definitivamente es una parranda de letras que al sonar del acordeón se convirtieron en frases que le dieron la vuelta al mundo, gracias a la magia de Macondo. O mejor continuar con la frase del propio Gabriel García Márquez: “En cualquier lugar en que estuvieran recordarán siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera”. Y remató diciendo: “Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede, y el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.

La intención de Gabriel García Márquez, por enterarse de lo que estaban haciendo los acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, compositores, cantantes y verseadores, era poner de manifiesto su interés y devoción por ese folclor que amaba. Además, el haberlo incluido en sus novelas dándole una visión universal que lo convirtieron en un verdadero y grandioso baluarte que logró llamar la atención de la gente más apartada del planeta, enterándola sobre la música vallenata.

…Y a la vuelta de la esquina triunfó Gabo con ese vallenato con la mayor cantidad de letras reunidas en 590 cuartillas y que tituló: ‘Cien años de soledad’, donde en la página 23 narra. “Meses después volvió ‘Francisco El Hombre’, un anciano trotamundos de casi 200 años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo. En ellas, ‘Francisco El Hombre’ relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de la ciénaga, de modo que, si alguien tenía un recado que mandar o un acontecimiento que divulgar, le pagaba dos centavos para que lo incluyera en su repertorio”.